¿Saben lo qué hago para calamarme? Voy a la Iglesia, pero no a cualquier Iglesia, voy a la catedral. Me serena a un punto donde puedo volver a poner las cosas, en mi mente, en su lugar. Me tranquiliza a tal punto que puedo volver a pensar. Es como mi zen, o, la pastillita azul que te da el psiquiatra. ¡Ojo!, nunca tuve la necesidad de ir, por ahora, al psiquiatra; pero tengo tantas amigas mujeres que por estadística es razonable conocer a una que otra con ciertas patologías. Cuando llego a la catedral por lo general lo hago alborozada. Así que, en un medio donde me voy calamando y las ideas hacen demasiado alboroto al acomodarse: ahí es donde absurdamente pienso cada detalle que me la hacen comparar con una biblioteca. Las personas van a leer y a estudiar; yo a calamarme. La gente normal va a la catedral a rezar (claro, que siempre estan los turistas odiosos), a agradecer, o a profesar su devoción; yo a calmarme. Qué puedo decirles soy una mujer encanta...
Me acabo de dar cuenta que soy una maleducada. ¡Perdon! Si tengo que justificarme les digo que: viene más del lado de mi aire despistado, que de la educación" Bueno, voy a intentar corregir el descuido: "Hola, me presento, tengo un nombre diiii-viii-no: me llamo "Verónica" (y sí, esto va para muchos, Verónica se escribe con acento en la "ó". Nada. Para que sepan), como comenté anteriormente tengo treinta años (ya sé, ¡uf! Un monton) y escribo un blog. See, see, muy tópico. Y bueh, es lo que hay! Soy fotógrafa, me encantaría trabajar, no sé, tal vez, quizás, en National Geographic por ejemplo. Pero en vez de ello mi trabajo consiste en sacar fotos a parejitas recien casadas, que mayormente desentonan, por lo general uno esta entusiasmado y el otro parece analizar las mil y un maneras de escapar; o a jovencitas en sus bellos quince años, las que siempre tienen cara de incomodidad con una sonrisa a medias a causa del maquillaje onda r...