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El día amaneció con olor a primavera. ¿Si me entienden?
Ese aroma, porque aun los rayos del sol no llegan a hacerte notar su presencia debido al frio matinal, te calienta el alma. No sé si a ustedes les pasa, pero a mí un día lindo me levanta el alma, me regresa la vida (sin tanto drama, obvio). Y cuando el sol, por fin le gana al vaho de frio, disipandolo, te acaricia como diciendo: "Tranquila, aquí estoy". Bueno, sí, talvez haya un poquito de drama. Pero ¡hey! Soy mujer, imposible que falte. ¿Donde estaría nuestro encanto, entonces?
Cosas raras que observo cuando estos días se dignan en aparecer es; gente en bolas. ¡¿Es en serio?! El sol acaricia, sí. Pero el frio todavía corta.
Pienso que a esa gente le apremia sacar la ropa del verano pasado. Innecesario.
Señor ¡Por Dios! ¿Con qué necesidad nos muestra su barriga?
Esta bien, esta bien; cada cual hace con su vida y su cuerpo lo que le plasca. Aún así pienso "No es el día" y ademas por un momento me siento fuera de contexto entre los osados de vestimenta ligera con mi campera, aunque no invernal, abrigada.
Curioso es como me miran, no sólo a mi al resto que aun conserva la cabeza sobre sus hombros, la minoria desentonada...esa mirada de escritura legible: "Que ridicula, abrigada, con el calor, te vas a derretir" -¡NO, no señor, no hace 'calor', no aún!-
¿Quién escucha? Ni yo lo hago.
No soy amante del verano, sólo de los días que finjen serlo o que avisan su llegada, con él llega el calor asfixiante y el olor ¡Por favor! El olor. Desagradable. Inoportuno. Demasiado.
Los hombres de repente mutan en vegetales, emanan cebolla de sus poros. Arcadas. Y la mujer ¡la mujer! De pronto tienen una pescadería bajo sus prendas. Cielo santo, lo que hace el calor a la gente, pero por sobre todo como fermenta con inmediatez a ciertas personas.
En gente higiénica el aroma a bronceador resulta inquietante, parecen querer absorber toda la vitamina B12 de una vez, poniendose todo el pote en un día, el día que regala esperanza pero no es, sin duda, uno de verano.
Las señoras pitucas, clavan gafas grandes y oscuras en sus rostros disimuladamente curtidos.
El verano en una ciudad costera y turistica da mucho que charlar, por los innumerables personajes que se pueden observar. Pero ese tema lo dejo para cuando el verano llegue.
A la mujer, al menos a la mayoría, no se le pasa nada por alto, todo lo convierte en un tema de debate; talvez por ello el hombre la cree peleadora cuando solo es: "observadora verborragica" y no lo puede evitar.
Nuestro encanto: soltar mil palabras y, en cuanto se cree que hemos gastado la cuota diaria, aún coservar cinco mil más.

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